Brumizadores para el hogar y para tu negocio

Brumizadores para “Tu tienda de ropa”

Brumizadores para el negocio y para el hogar: María Jesús era una luchadora. Hijos, casa, un marido que pasaba cientos de horas en la carretera… y ella trabajando a destajo, sacando adelante su familia y “Tu Armario”, su tienda de ropa y complementos de moda.

“Tu Armario” había sido un sueño que tenía desde que comenzó a trabajar como dependienta. Había pasado por tantos empleos detrás del mostrador que, en broma, decía que “casi, casi, podía atender un hipermercado”.

Abrir “Tu Armario” había sido duro: el proyecto, normativa municipal sobre locales comerciales, contactos con proveedores, estudiar sus colecciones, pelear para que la obra no se demorase, luchar contra la burocracia de las licencias, permiso de apertura, inspecciones previas…

Cuando “Tu Armario” encendió sus luces, María Jesús comenzó con buen pie, pero pronto sintió que sus clientas mostraban un comportamiento extraño: entraban, miraban estanterías y perchas con demasiada celeridad, con el hábito compulsivo y estresado que ella misma había visto cuando iba de compras a la capital, en aquellas tiendas gigantes donde vendían moda exprés, prendas y accesorios para vestir a toda prisa. Aquellas mujeres parecían más obsesionadas en llenar sus cestas que en disfrutar eligiendo su compra.

Brumizadores

Brumizadores para tienda de ropa

Ella quería otra tienda. María Jesús había imaginado un lugar donde pasear descubriendo en cada percha una posible sorpresa, un vestido que les resultase atractivo, lo llevaran a la zona de complementos para ver cómo combinaba, entraran una y otra vez en el probador hasta estar seguras de que deseaban llevar puesta esa prenda… “Tu Armario” sería parte de la casa de cada clienta, un lugar para disfrutar despacio la moda.

Sin embargo, todo eran prisas. Y más al llegar la deseada temporada de Navidad. “Tu Armario” hizo una buena caja, pero María Jesús sentía que las horas se le iban en quitar la percha a la prenda, plegarla, meterla en una bolsa o envolverla en papel de regalo, cobrar y… vuelta a empezar. Sin apenas unas palabras con cada visitante, sin poder aconsejar sobre los modelos que tenía, sin poder asesorar sobre moda, como ella había soñado…

Y si eso fueron los mejores días de Navidad… ¡qué decir ahora, en plena temporada de rebajas! María Jesús veía su cajón abrirse y cerrarse bastantes veces, pero no sentía que, en cada venta, ganara una clienta fiel. Era la misma mecánica conocida: la cola en la caja, quitar perchas, meter en bolsas, cobrar, buenas tardes, quitar perchas, meter en bolsas, buenas tardes…

Una noche estaba frente al televisor, cambiando de canal al azar, en la pantalla apareció el comienzo de un reportaje sobre perfumes, esencias y olores. Veinte minutos después, María Jesús tuvo una revelación que podía ayudarla en “Tu Armario”…

“…Un sentido químico…”

“…Cada neurona olfativa detecta miles de olores diferentes…”

“…El bulbo olfatorio es una parte de nuestro cerebro colocada directamente sobre la nariz. La única parte del cerebro con exposición al exterior…”

“…Los olores van directamente al sistema límbico del cerebro, encargado de gestionar emociones como respuesta a los estímulos…”

“…Lloré cuando, al entrar en aquella consulta, noté el mismo perfume que el que usaba mi padre, que había muerto dos años antes…”

Todas aquellas ideas del reportaje eran las piezas que le faltaban a María Jesús en su puzle mental para “Tu Armario”. Y, en lugar de acostarse, encendió el ordenador y comenzó una búsqueda que la sumergió en el mundo de los aromas.

Una hora después, sin ninguna sensación de sueño, había hecho un pedido a la tienda on line de una firma especializada en ambientadores (www.ambientahogar.es) donde le ofrecían un aroma que le interesó especialmente. Ya solo tenía que esperar un par de días y poner en marcha su idea…

Treinta horas después, María Jesús abrió el paquete que acababan de dejarle en la tienda. De una caja cuadrada extrajo un artilugio en forma de bola traslúcida y, junto a él, colocó las dos botellas de esencia que lo acompañaban. Leyó las instrucciones de aquel pequeño aparato eléctrico – un brumizador-, y pocos minutos después comenzó a difundir por “Tu Armario” delicadas nubes de esencia. “Cotonet”, el aroma que María Jesús había elegido cuidadosamente llenó su tienda de sensaciones a ropa recién lavada, a tendales expuestos al sol, dejando secar la colada al aire libre…

Poco después comenzaron a entrar las primeras clientas del día. María Jesús saludaba y se quedaba en la caja, simulando hacer algo importante mientras espiaba de reojo el comportamiento de las compradoras. Notó un cambio sutil en ellas: parecían relajarse, caminar sin prisa estudiando las prendas en sus perchas, acariciando solapas y mangas…

María Jesús sabía que “Cotonet” no era un bálsamo milagroso, pero notó que cada persona que entraba en la tienda se quedaba un poco más de tiempo y pasaba esos minutos con una expresión relajada. Mientras tanto, el pequeño brumizador realizaba su trabajo discretamente, lanzando las minúsculas gotas de fragancia sin que apenas se notara su presencia. Y el ambiente de “Tu Armario” cambió gracias a los brumizadores…

Días después, María Jesús había colocado estratégicos sacos perfumados con “Cotonet” en los extremos de algunos colgadores. Y tenía reservado un nuevo aroma con el que alternar el ambiente de “Tu Armario”: una esencia de Jabón de Marsella que transmitía el recuerdo de aquellas coladas con jabones grandes y espumosos que muchas clientas habían vivido, de niñas, con sus madres y abuelas.

“… el sistema límbico…” – recordó María Jesús mientras sus clientas paseaban sosegadamente por la tienda – “…el encargado de revivir emociones que tenemos dormidas en nuestra memoria hasta que un olor, unas minúsculas moléculas flotantes, despiertan pequeños instantes de nuestro pasado…”

Desde entonces, entrar a “Tu Armario” es una experiencia agradable. Como varias clientas le han dicho a María Jesús “entrar en tu tienda me recuerda a los años en los que iba de compras con mi madre o con mis amigas, aquel tiempo tan feliz de juventud…”

María Jesús sonríe y echa una mirada agradecida al pequeño brumizador. El aparatito, un minuto después, lanza una exhalación y una vaharada de aire fresco agita la colada de algodón y lino recién lavada y colgada al sol…

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